Hay un edificio nuevo en San Luis Potosí que difícilmente pasa desapercibido.

Su torre, la fachada clara, la cúpula rojiza y los jardines perfectamente cuidados han despertado la curiosidad de muchos potosinos. La pregunta casi siempre es la misma:
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¿cómo será por dentro?
Por primera vez, sus puertas se abrirán para que cualquier persona pueda descubrirlo.

Y cruzarlas cambia por completo la experiencia.
Afuera queda el movimiento de la ciudad. Adentro aparecen pasillos amplios, iluminación cálida, madera oscura, alfombras, pinturas religiosas y espacios donde cada detalle parece tener una razón.
Pero hay algo importante: no es una iglesia como las que normalmente conocemos.
Los servicios religiosos de los domingos se realizan en otros edificios. Los templos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tienen una función diferente: están destinados a ceremonias consideradas sagradas dentro de su fe.
Y ahí comienza lo interesante.
Uno de los espacios que más llama la atención es el bautisterio.

En el centro se encuentra una pila bautismal donde se realizan, entre otras ceremonias, bautismos vicarios por personas fallecidas, una práctica particular de esta religión.
Después aparecen las salas de instrucción, donde los miembros participan en ceremonias y reciben enseñanzas relacionadas con su fe, la vida, la familia y su relación con Dios.
Más adelante están las salas de sellamientos.

Son habitaciones más pequeñas e íntimas en las que se realizan ceremonias relacionadas con el matrimonio y la familia. De acuerdo con sus creencias, estos vínculos pueden permanecer unidos no solamente durante la vida, sino también por la eternidad.
Y finalmente aparece uno de los espacios que más sorprenden: el salón celestial.
Grandes lámparas, mobiliario claro, detalles dorados y una iluminación suave crean una atmósfera de tranquilidad. Para los integrantes de la Iglesia, este espacio simboliza la presencia de Dios y está destinado a la oración y la reflexión.
Y aquí viene lo excepcional
Todo esto podrá ser conocido por el público solamente durante unos días.

El nuevo templo de San Luis Potosí abrirá sus puertas del 24 de septiembre al 10 de octubre, periodo en el que podrán ingresar visitantes sin importar si pertenecen o no a esta religión.
Después de su dedicación, la situación cambiará.
El acceso quedará reservado a miembros de la Iglesia que cumplan con los requisitos religiosos establecidos para ingresar a sus templos.
Por eso esta visita tiene algo de irrepetible.
Los espacios que durante estos días podrán observarse y recorrerse libremente pronto comenzarán la función religiosa para la que fueron construidos.
Quizá ahí está parte del asombro que este nuevo edificio ha provocado entre los potosinos.
Porque más allá de su arquitectura y de la curiosidad por saber qué existe detrás de sus puertas, recorrerlo permite conocer de cerca sus símbolos, ceremonias y una particular manera de entender la familia, la vida, la fe y aquello que, para sus creyentes, existe después de la muerte.
Al salir, la torre seguirá siendo la misma.
Pero después de conocer lo que hay detrás de sus puertas, probablemente ya no la verás igual.




